Un hombre lleva días sin dormir. Lo que comienza como cansancio y bostezos se convierte en una espiral de paranoia, voces internas y sospechas hacia su entorno, especialmente hacia la persona con la que vive. A medida que su mente se fragmenta, aparece un hambre extraña y creciente que desdibuja los límites entre pensamiento y acción. En medio de la confusión, la realidad se distorsiona y surge la posibilidad de un acto irreversible.