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Insomnio

  • Foto del escritor: Axelo Mar
    Axelo Mar
  • 24 abr
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: hace 6 días


Hace días que no duermo.


Lo he intentado todo: fui al médico, he estado haciendo ejercicio y comiendo saludable. Mi vida había sido muy tranquila, bueno, omitiendo el hecho de que no he dormido en casi una semana. Pensé que todo estaba bien: tenía un nuevo trabajo y las cosas por fin se estaban resolviendo.


Por un momento creí que todo volvería a la normalidad, pero comenzaron los bostezos. Al principio eran dispersos, sutiles; después se volvieron constantes, invasivos. Bostezaba en reuniones, mientras hablaba con clientes, frente a mi supervisor; supongo que era inevitable que me despidieran. No fue una gran sorpresa.


Últimamente nadie me entiende; es como si viviera en un mundo al revés. A veces me río en momentos inapropiados y las personas se molestan conmigo. Otras veces me enojo por todo; me he metido en muchos problemas últimamente.


En casa tampoco ha sido fácil; hay silencios incómodos, conversaciones a medias, discusiones sin sentido. Las cosas han estado muy extrañas últimamente. Siento que me vigilan; tal vez todo es culpa suya. Hace un par de días vi que le puso algo raro a mi café.


Las noches son peores. No dormir me da demasiado tiempo libre. Intenté leer, ver videos, películas, hacer ejercicio. Pero ahora… ahora solo escucho. Es como si alguien más estuviera hablando dentro de mi cabeza, susurrando cosas que no quiero escuchar. A veces son solo ideas; otras, frases completas. Insisten. Se repiten. No se callan.


—No fue el café.

—¡Claro que sí, tú lo viste!

—Estás exagerando.

—¿Y si no? ¡Te está envenenando!

—No digas eso.

—¿Entonces por qué no duermes?


He estado investigando. Vi algunos videos, leí cosas en foros. Esto no es normal. Nada de esto lo es. Cada vez estoy más seguro de que todo es su culpa. Hay algo en su forma de mirarme, en cómo se mueve, en lo que no dice. Como si supiera algo. Como si hubiera hecho algo.


Y luego está el hambre. Llevo un par de días sintiéndome así, como si nada me llenara. A veces no sé si estoy dormido o despierto; solo sé que tengo mucha hambre. Al principio era una sensación leve, como cualquier otra. Pero ha ido creciendo. Ahora es diferente. Es profunda. Vacía.


—¡Hazlo!

—Cállate.

—¡Nadie lo notará!

—No.


A veces me sorprendo mirándolos mientras duermen, escuchando su respiración profunda, lenta. Oliendo su piel sobre la almohada, imaginando su sabor. Se ven tan… deliciosos.


FIN


- Axelo Mar.


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